¿Cuándo me tocará a mí?
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| Sacada por Valentina Reyes |
Pero todo cambio cuando la mañana
del día siguiente, mi marido me dijo que se había quedado ciego, no lo podía entender,
la ceguera no se contagia. Mi esposo me dijo que podía ser una nueva epidemia,
que debía avisar al ministerio. Yo lo ayude en todo lo que pude, lo abrace y le
dije que todo iba a estar bien, no me importaba contagiarme, lo único que desea
era estar con él.
Después de múltiples llamadas, le
mencionaron a mi esposo que lo iban a ir a buscar, para ponerlo en cuarentena,
yo no lo iba a dejar solo, ordene una maleta con sus cosas y las mías y salimos
de la casa cuando la ambulancia llegó. No querían llevarme, pero en ese
instante les dije que había quedado ciega también.
Al llegar al recinto, le conté
que no estaba ciega en realidad, y me dispuse a revisar el lugar, era un
manicomio. Tiempo después llegó un grupo de personas, que tampoco veían. Se presentaron,
pero sin decir nombre, daba lo mismo, total nadie los iba a reconocer.
Con el paso de los días, las
habitaciones se iban llenando, hasta que no quedaron más camas, sin embargo, seguían
trayendo a más ciegos. Yo podía ver todo lo que ocurría, las caras de
sufrimiento y de tristeza de las personas, cada acción que realizaban pensando
que nadie los veía, cada cuerpo muerto en medio de las salas, también a los
militares que nos dejaban la comida y sus caras de miedo y fascinación por
nosotros.
Continuaron los días de
encarcelamiento y la comida comenzaba a escasear. Un grupo de ciegos de otra
sala, se adueñaron de todo el alimento, empezaron a pedir joyas, dinero, todo
lo de valor si es que queríamos comer. Lo peor, fue que cuando ya no quedaban
riquezas para entregar, pidieron mujeres. La vergüenza y rabia que sentí ese
día cuando violaron a todas las mujeres de mi sala como bestias, esos momentos,
donde yo era la única que podía ver las expresiones que tenían esos cerdos, se
quedaran grabados en mi mente al igual que la cara del desgraciado que degollé con
las tijeras.
Luego de muchos problemas,
logramos salir del manicomio, nos sorprendió mucho que no hubiese militares resguardando
el recinto, que las calles estuviesen desoladas y, sobre todo, que las personas
durmieran en supermercados o en casas ajenas. Todo estaba descontrolado y decidimos
por nuestra seguridad, ir a mi casa, ahí nos hacíamos y comimos lo que teníamos.
Cuando faltó comida, salimos a la
calle, con la intención de encontrar un supermercado, sin embargo, lo que vi me
espanto por completo, el olor fétido desprendiéndose de los cuerpos muertos, no
podía más, así que lloré desconsoladamente.
No me di cuenta de que me sacaron
del lugar hasta que levanté la cabeza más calmada, ahora estábamos en una
iglesia, lo extraño fue que las estatuas tenían vendas blancas en los ojos y las
pinturas tenían una marca blanca en ellos.
Al llegar a casa, esa misma
noche, el primer ciego vio y consecutivamente todos fueron recuperando la
vista, aun me pregunto ¿Cuándo me tocará a mí?

Mi amada esposa, no tengo palabras para describir el amor que siento por ti. Me siento muy agradecido de que me ayudaras mientras estaba ciego. Espero que lo que hablamos en la iglesia sobre que "Dios no merece ver"(Saramago, 1995, pág. 236) lo puedas olvidar, ya que recuperamos la vista al igual que él.
ResponderBorrarNunca te contagiaré, ya que eres la encargada de transmitir mi mensaje al mundo sobre la pérdida de la razón que los está envolviendo y transformando en animales. Te dejo a tu criterio y propia reflexión el por qué no quedaste ciega.
ResponderBorrarTe agradezco todo lo que hiciste por mi y el resto del grupo, fuiste un gran apoyo y te has convertido en una muy buena amiga y compañera. Se que cometí un horrible error y espero desde lo mas profundo de mi corazón que me perdones.
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